El corazón en la botella. Bitácora de una madre organizando un cumpleaños de 4 años super original, lleno de amor e ingenio.

3 Mar

Mi hijo Fran cumple años el día de los enamorados, el 14 de febrero. Desde hace algunos años, la tradición de celebrar San Valentín se ha incorporado a nuestras costumbres y de algún modo este pequeñito de 3 años, 11 meses y 25 días “captó” la nueva onda de los corazones y quiso estar actualizado sin dejar de lado su gran pasión que son las herramientas. Tal vez por eso cuando le pregunté cómo le gustaría que sea su cumpleaños, me dijo muy seguro:

– Lo quiero del corazón en la botella.Y que haya crema del cielo.

¿De qué?, dirán ustedes. Pero como las madres solemos entender a los hijos más que el resto, yo supe que el gusto de helado favorito de mi retoño es crema del cielo (¡puaj y repuaj pero a él le encanta!!). Y que también se refería a un cuento que le regaló su abuelo, donde una niña, para no sufrir, guarda su corazón en una botella y cuando va creciendo se da cuenta de lo incómodo que es pero ya no sabe cómo sacarlo de ahí.

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Lo intenta.

Con todo.

Con serruchos, martillos, aspiradoras y hasta una sierra.

Pero nada funciona. No lo puede recuperar.

Finalmente se sube a una pared altísima y desde allí tira la botella.

La botella cae, rebota, rueda y llega hasta los pies de una pequeña niña que aún tiene curiosidad por el mundo, mete su manita en la botella y le devuelve el corazón que ahora finalmente está en su lugar… aunque la botella queda vacía.

Hasta aquí el cuento. Ahora, ¿cómo hacer de este cuento un tema para un cumpleaños?

Lo pensé un día. Lo pensé dos y tres. Pero igual que la chica con el corazón en la botella, nada de lo que se me ocurría parecía que iba a funcionar.Así que lo dejé estar y confié en que algo iba a surgir. Por fin, el día anterior al festejo… (en casa de herrero cuchillo de palo) … ¡todo se aclaró!

Esto fue lo que hicimos:

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Fui a la librería y compré dos cartulinas negras y papel glacé metalizado… ah, y una caja de voligomas. Preparé una cartulina negra con la silhueta de un corazón pintado en blanco y otra con la forma de una botella también en blanco para que contrastara. Corté trocitos de papel glacé metalizado. Fui al cotillón y conseguí grana del color de la crema del cielo y vasitos haciendo juego. Fui al super y compré 3 tortas exquisita. Las preparé y usé el cartón de la caja para hacer un corazón mediano. Pasé por la heladería y encargué 1 kg. de crema del cielo y 2 de otros gustos porque como bien dijo Fran “no a todos les gusta lo que me gusta a mi y mejor que no me burlen”. Volví al cotillón porque me había olvidado del coco rallado, del colorante comestible color crema del cielo (repuaj) y volví al super porque me había olvidado el arroz. ¿Para qué? Para un super juego con arroz de colores pintados. En fin, a esta altura ya era el 14 de febrero, hacían 40 grados pero nada nos detuvo. A una sobrina que llegó temprano la puse a recortar los papel glacée en trocitos, porque se me había pasado hacerlo yo. Fui corriendo a bañarme y bajo la ducha – que suelen ser momentos de lucidez- mi super-yo me susurraba: “¿por qué le tendré aversión a hacer las listas de lo que hay que hacer cuando faltando 5 minutos ayudan tanto?”. Me estaba cambiando cuando llegaron los primeros invitados. Al principio nos dedicamos a recibir a cada amigo en especial, dedicarle tiempo a descubrir cada regalo y que Fran lo pudiera agradecer en persona (no me gusta nada ese baúl donde se “lanzan” los regalos y todo el intercambio de dar y recibir, de agradecer y compartir queda totalmente sepultado).

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Después de un ratito, cuando habían llegado todos, Fran y yo dramatizamos el cuento de El corazón en la botella usando las cartulinas y el corazoncito de cartón que lo pegamos adentro de la botella con cinta de papel. Fran trajo su caja de herramientas y fue mostrando cómo había usado la chica el serrucho, el martillo, el destornillador para tratar de sacarlo sin éxito. Entonces pregunté a los chicos: “Nada funciona, ¿qué podemos hacer?”. “¡Sacarlo con la mano!” fue la respuesta obvia de una niña que entre decirlo y hacerlo no tardó más que un segundo (el muy pillo del autor debe tener también niños tan inteligentes como estos para sacar sus ideas de cuentos).

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Entonces les mostré la cartulina negra con la silhueta del corazón contándoles que ahora estaba de nuevo en su lugar y por eso estaba muy feliz. Y que compartió esa felicidad con todos… incluso con la botella para que no estuviera tan vacía. Y haciendo llover los trocitos de papel glacée de colores por el aire y ofreciéndoles las voligomas para que luego de juntarlos los pudieran pegar dentro del corazón y dentro de la botella por fin me senté, luego de muchas, muchas, muchas horas.

Los chicos estuvieron serenos, divertidos, disfrutando por unos gloriosos 25 minutos. Nada como darle una voligoma y papelitos brillantes a un chico de 4 recién cumplidos para que se entretenga de lo lindo.

Luego les ofrecí el arroz de color de crema del cielo – y de otros colores al igual que el helado – y jugaron con embudos, a trasvasarlo y llenarse sus bolsitas de souvenir para seguir jugando luego en casa a que servían helado. Y por fin llegó el helado de verdad, con cucuruchos y todo. Hasta aquí, lo original.

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El resto, es un final bien conocido: la torta, el cumpelaños feliz, las velitas que no se prendían a tiempo y la bengala que no se terminaba de apagar, los chicos codeándose para estar frente a la torta y robarse algún que otro confites hasta que mi amiga Marce los sacó a todos corriendo (bendita sea, les tenía cariño a esos confites que estuve poniendo en forma de corazón hasta las 2 am el día anterior).

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Hicimos una piñata con un bolso de piyama con forma de gato y color de crema del cielo y en la bolsita del souvenir un cartelito turquesa decía “Gracias por venir” y guardaba adentro más crayones que caramelos, para seguir jugando con los colores de la vida, de la felicidad de celebrar un nuevo año de un hijo, que es tan, pero tan, pero tan amado que mejor día que el 14 de febrero no podía tener para nacer. Y digo esto sin ignorar el 24 de mayo y el 12 de abril también son días perfectos para nacer, que es cuando con su llegada alegraron esta tierra los divinos de los hermanitos mayores de Fran ;).

Me encantaría conocer tus anécdotas de preparativos para los cumples de tus hijos… ¿Cuáles son tus días perfectos para nacer y cómo te organizás para celebrarlo con todo el corazón?

¡Nos encantan tus comentarios!

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2 comentarios to “El corazón en la botella. Bitácora de una madre organizando un cumpleaños de 4 años super original, lleno de amor e ingenio.”

  1. Luz marzo 15, 2012 a 3:21 pm #

    Qué precioso relato! Muchas gracias por compartir!!!!!

  2. fatima marzo 14, 2012 a 11:16 am #

    Fer..qué lindo volver a leerte!!!!.Siempre genial lo tuyo!. Besos

¿Querés Una idea gratis? ¡Escribí una buena pregunta! (No respondo preguntas repetidas o generales porque la gracia está en captar lo especial de cada niño y honrarlo en su fiesta). Soy particularmente sensible a los errores masivos de ortografía, escribí bonito, te respondo bonito :)

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