La vuelta a la manzana y la autoestimulación temprana


el fascinante rugir del camión repartidor amarillo

© MAMMA MIA, planificaciones y grupos de juego personalizados para mamás y bebés 1oo% creativos

¿Querés estimular a tu bebé, alentarlo a que desarrolle su lenguaje, su curiosidad por el aprendizaje y su sensibilidad artística? ¡La solución te espera a la vuelta de la esquina!

Los bebés son por naturaleza seres tan bellos como demandantes, con una increíble capacidad de investigación científica y una sorprendente sensibilidad artística. A mi modo de ver no necesitan tanto que los estimulemos (salvo expresa opinión de tu profesional de la salud de confianza, por supuesto) sino que simplemente no los desalentemos metódicamente en su entusiasta manera de autoestimularse. Para decirlo en otras palabras, pongamos un ejemplo:

Mamá (o figura maternate a cargo del pequeño deambulador) quiere ir a hacer unas compras a la vuelta y decide llevar al chiquitín.

– Así camina un poco, se dice a sí misma. Así se cansa un poco, continúa convenciéndose. Así después duerme un poco más la siesta… sonríe mamá imaginando un buen receso de 14 a 17 hs.

Por este motivo, mamá elije no llevar el cochecito, sino que ambos irán a pie. ¿Cómo terminará la escena? Eso depende del final que cada una le quiera dar, pero en mi experiencia, no tan bien como había imaginado. Resulta que yo lo que realmente necesitaba hacer era ir a comprar algo a la vuelta y todo el recorrido no es para mí más que un simple medio, un puente directo hacia mi meta, una experiencia de estar “en tránsito”.  Sin embargo, mi deambulador adorado, criaturita encantadora que extiende su manita y en toda su extensión toma con firmeza un par de los dedos de la mía, desconoce completamente la noción de futuro y apenas si hacen mella en el los recuerdos del pasado: es un entusiasta del aquí y ahora, un fanático del presente simple, cotidiano, pasito a paso. Y fiel a su doctrina de vida, da un pasito y frena:

– Ohhhhh!…. (señala con el dedo y logra con una plasticidad envidiable estirarse mucho más de lo imaginable para acariciar el enchapado metálico).

– Sí, hijito, una puerta del gabinete del medidor de gas con una etiqueta medio despegada… Ahora vamos, ¿dale?, y damos medio pasito más, aún no hemos sobrepasado los límites del frente de nuestro propio hogar.

– Ohhhh…

– Sí pequeñín, una junta. La junta de una baldosa con la otra, hace como un caminito. Ahora mirá para adelante que este es nuestro caminito, vamos, y avanzamos.

– Ohhhhh!…. (se acuclilla y mira inclinando la cabeza de costado, queriendo descubrir tal vez cuan profundas y largas son las juntas y qué diseños trazan sobre la vía pública cuando descubre una hormiga).

– Sí una hormiguita, vamos nene lindo.

Esta escena se repetirá prácticamente durante todo el camino, nada más que la madre va perdiendo cada vez más la compostura, notando que se le hace tarde, alza al deambulador, carga todas las otras bolsas de compras en la mano libre y avanza con determinación de regreso a casa con el paso pesado de una mulata aguatera del 1800 cargada a más no poder mientras va repudiando internamente durante todo el camino la idea de haber dejado el cochecito en casa. Eso le impide ver ya todo lo otro que el bebé descubre ahora, desde el metro sesenta y tres de altura que le brinda el ir a upa. Y como no lo ve, tampoco podrá alentarlo, hablarle sobre las maravillas de la ingeniería urbana ni sobre las bellezas naturales de los árboles, el pasto, las telarañas y ni del canto de los pajaritos. Probablemente llegue a casa cansada y con las reservas naturales del sano y buen humor maternante al borde de la extinción.

Pues bien, ¿de quién es la responsabilidad de su estado? Aquí es donde necesitamos las madres y otros amorosos seres maternantes hacernos cargo: no es la culpa del verdulero que puso el negocio a la vuelta y no al lado, no es la culpa de otros seres de la familia que concienzudamente amamos y en estas ocasiones nos parece que tal vez podrían haber ayudado a cambio, no es la culpa de las juntas de las baldosas, no es la culpa del bebé, no es nuestra culpa. Es tan solo una equivocación. Un error de enfoque. Una oportunidad para aprender.

Por eso, queridas MAMMAS MIAS, no hay como establecer con claridad los objetivos de lo que harás en el día y no complicarse queriéndole sacar quíntuple provecho a una situación que podría haber sido sencilla: si querés ir a la verdulería, vas a eso (con tu flamante deambulador en cochecito); si querés pasear con tu hijito, vas a eso (con bebé de la manito). Lo mismo se aplica al resto de la vida de crianza. Si querés algo, ¡ve por ello!

Y si realmente querés salir a pasear con tu bebé que ya sabe caminar, te proponemos que te reserves unos 35 a 50 minutos para dar la vuelta a la manzana dedicándote de corazón a alentar su curiosidad y sensibilidad ante cada nueva maravilla… ¡Estarás realmente estimulándolo al dejarlo descubrir la magia de un pimpollo, la belleza de los bigotes blancos de un vecino felino o el imponente rugir del camión repartidor amarillo doblando allí, en el lugar más fascinante del mundo para tu deambulador: ¡a la vuelta de tu equina!

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¿Querés Una idea gratis? ¡Escribí una buena pregunta! (No respondo preguntas repetidas o generales porque la gracia está en captar lo especial de cada niño y honrarlo en su fiesta). Soy particularmente sensible a los errores masivos de ortografía, escribí bonito, te respondo bonito :)

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